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martes, 6 de marzo de 2012

Ausencias

A los pocos días de entrar a la escuelita, Octavio se enfermó de la gripa y la tos, por lo que dejamos de llevarlo. Así que el proceso de adaptación a esta nueva etapa se ha alargado, porque cuando por fin, después de semana y media resguardado en casa, pudo regresar a la escuelita, no deja de llorar, pidiéndome que no, que no lo deje ahí. Después, al regreso, ya lo encuentro contento y tranquilo.

Yo también me enfermé, en medio de muchísimo trabajo. Ahora sí me he sentido agotada y estresada con tanto trabajo y queriendo pasar más y mejor tiempo con mi pequeño. La tos no ha querido abandonarme casi durante dos meses y apenas en estos días empiezo a sentirme mejor.

De no haber sido por la invaluable ayuda de la abuela que vino desde Pachuca a pasar dos semanas en nuestra casa, yo no habría podido sacar adelante mis entregas de trabajos encimados, atender la casa y la comida, apoyar al papá y ver lo que Octavio tiene que llevar a la escuelita.

Me sigue preocupando la ausencia de habla de Octavio, que ya tiene 28 meses. Ya tengo algunos datos para recurrir en busca de ayuda con profesionales, sólo estoy dando un poco más de tiempo. A ver si la escuelita le ayuda en el tema del habla y el carácter. Por lo menos sí lo noto menos agresivo, ya casi no hay pellizcos ni golpes, pero sí, muchos gritos.... en fin...

Sin duda, repitiendo lo que leo en uno de mis blogs gurús, si yo estoy bien, mi niño estará bien. Si estoy menos estresada, seguro él también lo estará. Si todo fluye, fluirá también nuestro bien común.


lunes, 25 de abril de 2011

Un respiro

Vaya días de ser mano izquierda, de correr a urgencias en la madrugada, de visitar distintos consultorios, de estacionarme en el centro, de mucho calor, de bebé de ultra alta demanda, de compañero lejano, de dolor de panza, de desvelos, de diseños nocturnos, de náuseas…

Pero luego llegó mi relevo y pude dejar encargada a mi mamá, y después de una infección estomacal, de regresar a mi casa abandonada una semana, de hacer mil maletas y de cuatro horas de carretera con mucho diálogo de por medio, para limar asperezas, para tratar de entendernos de nuevo, llegamos los tres a la casa de los abuelos paternos que ya nos esperaban, sobre todo a Octavio, con mucho gusto.

Así que por fin hemos podido tener unos días de respiro, aunque sigue habiendo mucho trabajo, pero compartir la alta demanda de Octavio con sus abuelos me aligera un poco. Israel tiene mil ilustraciones por hacer y mucho estrés difícil de manejar, sin embargo, cambiar de aires, aunque sea unos días, ha sido muy bueno para los tres.

La nota mala es que quizá por tanto calor ha hecho que nos enfermemos. Primero Octavio, que tuvo fiebre estos días de 39º por una infección en la garganta, ha andado inapetente, con ojitos tristes, llorón, pero igualmente, cuando se siente bien, ha disfrutado mucho del amor de sus abuelitos y de su tía. Yo no he terminado de sentirme bien del todo por la infección estomacal y ahora, estamos también con dolor de garganta y articulaciones. Pero siempre nos sentimos muy apapachados en la casa de los abuelos de Pachuca. Siempre que venimos, los problemas parecen aligerarse y logramos cargar de nuevo las baterías.

Todavía estaremos un par de días, alejados de lo cotidiano, para luego regresar a nuestra casa y afrontar todos los altibajos que la vida nos traiga, retomar los pendientes, continuar nuestros proyectos... si estamos juntos, si tenemos nuestro motorcito de casi año y medio, es suficiente para saber todo puede siempre estar mejor…