sábado, 30 de octubre de 2010

Los tenis de Amir

En 2004 nosotros andabamos en un viaje amoroso de reconciliación, luego de un año de estar separados, cuando desde Florencia nos enteramos de que había nacido ya el sobrinito, hijo del hermano de Israel. Amir cumplió en este octubre 6 años.Cuando era bebé su abuela le envió desde Estados Unidos de regalo unos tenis convers de botita. Nunca los usó, no le entraron, era un bebé con el pie regordete. La mamá de Amir guardó los tenis esperando que algún bebé algún día los pudiera aprovechar. Pasaron varios años. Los tenis llegaron a nosotros cuando Octavio tenía dos meses así que esperaron en su cajita nueve meses más, hasta que llegó el momento de sacarlos. Ahora Octavio los usa para explorar el inmenso mundo del piso y para dar los primeros pasos con la seguridad de que esos tenis le sostienen muy bien los tobillos y lo animan a pararse. Cuando se cansa, se sienta y se alcanza los pies para tratar de darles mordidas a los zapatos.

Después de muchos pasos andados y de muchos por andar, los primos, Octavio y Amir se conocerán en el próximo diciembre, que será cuando coincidan en la casa de los abuelos paternos. Tenemos emoción por el encuentro. Cuando hace 6 años nosotros renovábamos nuestro lazo, ensoñados y con recargadas esperanzas en nuestra relación, nunca nos imaginamos que el tiempo nos traería la alegría de ser los papás de Octavio. Mucho menos que Amir, el bebé regordete crecería para convertirse en un muchachito alto e inteligente de 6 años y que le heredaría a nuestro hijo, su primito de un año, sus tenicitos...

Caminemos juntos por mucho tiempo...

miércoles, 20 de octubre de 2010

Coincidencias

En este blog pocas, poquísimas veces (más bien ninguna) vez he citado textualmente lo que otras mamás escriben, aunque con muchas siento empatía al leer sus experiencias. Esta vez transcribo un texto que me llegó a través de las redes sociales, escrito con el corazón y las entrañas de Silvina L. Monge y con el que coincido totalmente, porque al igual que a ella, no me gustan las posiciones radicales, sobre lo bueno y lo malo, respecto a la crianza de los hijos. Va. Gracias por escribir un texto así.

Soy mamífera, aunque antes yo no lo sabía
de Silvina L Monge, el El Martes, 19 de octubre de 2010 a las 9:14
 
"Yo no tomé teta. Y el vínculo con mi madre (y con mi padre) es fuerte y ha surcado kilómetros y kilómetros de distancia. Ha sobrevivido una pronta adolescencia y (¿porqué no?) una adolescencia tardía. Yo no tomé teta y no estoy gorda y soy muy inteligente, soy guapa y segura de mí misma (o eso dice mi terapeuta después de años de trabajo juntas). Yo no tomé teta y soy tan fuerte cómo un roble, he aprendido a a auto curarme el asma. Yo no tomé teta porque mi madre no tenía leche entonces le dio una mastitis. Le dieron una pastilla y a brote de lágrima se le retiró la leche, el dolor y “no pasó nada”, pero fue ella la que fue corriendo a comprar una sacaleches cuando me vio los pechos duros y enormes, rojos y tibios casi calientes al segundo día de nacida mi hija; dicho sea de paso ya abiberonada en La Paz (ni más ni menos) y sin mi permiso. Yo no tomé teta. Y me tiraron el chupete a mis tres años. Yo no tomé teta y me chupé el dedo un buen tiempo y hoy veo con sensación de asco cuando una profesora le dice a una maravillosa niña (fuerte, segura de sí misma, brillante, simpática y sociable) que se quite el dedo de la boca. ¿Y eso porqué pregunto yo? Mi abuelo decía que porque el dedo se me iba a hacer chiquito chiquitito.


Yo no tomé teta y me quitaron el chupete y me dijeron que se me caería el dedo si me lo chupaba. Y acá estoy.

Yo no tomé teta pero mi hija de más de 40 meses (sí, casi tres años y medio) sí toma teta. Yo no tomé teta y mi hijo de 14 meses toma teta, a veces incluso, los dos a la vez. Son tan grandes ya los dos (entre los dos hacen 25 kilos, casi la mitad de mi peso) que estamos pensando en comprar un sofá más grande y cómodo (obvio no pensamos en destetar).

He trabajado con los dos enganchados a la teta, por gusto, por placer, por divertimento, por risas y porque ¡qué coño! me daba la gana, me da la gana.


He trabajado e ingresado, en tres años, a la casa el mismo dinero que los tres años antes de que naciera mi hija. Y sin embargo por trabajar desde casa y priorizar en mi familia (porque oiga, mi familia, no son sólo mis hijos, también es mi marido, porque sin él no habría la lactancia y el vínculo FAMILIAR que hay) se dice que no trabajo; y entonces ahora que la niña mayor ha entrado al cole y que he visto lo rápido que pasa el tiempo el viernes pasado me he plantado y decidido que no, que este año nada de vacaciones fuera, que el coche seguirá siendo el mismo, aunque más viejo, un año más; que la ropa será de segunda mano y que los menús serán de mirar muy bien los precios en el mercado; pero que no, que al menos durante este último trimestre no trabajaré. Y ya no me siento menos mujer por eso, y tampoco me siento más mujer.


Porque yo no tomé teta y mi madre ha trabajado desde que yo tenía mes y medio y la veo tan mujer como mi abuela que nunca salió a trabajar fuera de casa. Mi padre sí tomó teta, mi abuela dice que a parte de teta tomó biberón (pero mi padre de eso no quiere saber nada) y es tan guapo, inteligente y sano como mi hermano menor que nunca tomó teta.


Yo me siento más mujer porque siento en mis ovarios el grito de la vida, me siento más mujer porque mi cuerpo aclama que lo soy, con kilos de más o de menos, con canas de más o de menos, con arrugas que no veo pero que seguro están ahí, con celulitis y con ganas de seguir estudiando y con ganas de ser mejor persona. Yo me siento más mujer porque hoy decido hacer de mi vida un puchero y antes decidía comprarme un maletín para mi portátil de vida ejecutiva. Yo me siento más mujer porque el día que nací escribieron en mi acta de nacimiento que era mujer aunque el médico le dijo a mi madre que sólo 5 centímetros me separaban de no ser hombre. Yo me siento mujer y más mujer. A parte, también, me siento, me sé y disfruto de ser mamífera, porque amamanto sí, y porque cobijo a mis crías en mi cuerpo, porque me refugio y me lo permito en el cuerpo de mi amante, porque juego a las cosquillas y a rodar a carcajadas como jauría divertida de leones, me siento y me sé mamífera porque huelo a mis hijos, porque los baño, porque los miro de arriba abajo, porque les acaricio y porque los amo. Soy mamífera, como también son mamíferas tantas maravillosas madres que conozco que no dan ni han dado teta.


Soy mujer y soy madre y me canso, y disfruto, y grito, y lloro, y me divierto y me vinculo con mis hijos, con mi familia."













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viernes, 15 de octubre de 2010

Tenemos gripa

Con el aire frío anda la gripa buscando a quien contagiar. Así que me agripé y el pobre de Octavio ya anda sintiendo los malestares de la nariz tapada, los ojos llorosos y la vocesita ronca.

Esperamos reponernos pronto.

Además, tenemos un proyecto de trabajo en puerta que ha ocupado nuestro pensamiento y energía, por eso andamos un poco alejados de aquí.

Se acerca nuestro cumpleaño, lo que me tiene muy emocionada. No haremos una gran fiesta, pero sin duda, será una fecha para celebrar.

Pronto volveremos a este, nuestro querido nido virtual, con el gusto de siempre...

lunes, 4 de octubre de 2010

Tan lejos y tan cerca

Los días de otoño, el aire frío, las hojas de los árboles volando... y así de rápido, como el aire, se pasa el tiempo.

Estoy llena de añoranza, recordando mi panzota con Octavio dentro, los nervios, la emoción... Hace un año fueron los dos Baby Shower, cada abuela me organizó uno con quince días de diferencia, recibí muchos regalos, mucha ropa para Octavio, que todavía sigue estrenando. Yo me sentía muy especial, muy querida, muy atendida, todos me cuidaban y protegían. Ya faltaba poco para que naciera mi bebé, que flotaba calientito dentro de mí. Sentía que el mundo giraba alrededor mío, que era la embarazada más especial del mundo. No se repetirá esa experiencia y por eso trato de recordar todo lo que viví en mi embarazo. Lo veo todo como en retrospectiva y me parece tan lejano...

Tan lejos y tan cerca..., apenas ha pasado un año y hemos cambiado tanto... Mi vida, mi manera de pensar, de sentir, y sobre todo, las ganas de aprender a diario a ser mamá, la mamá de Octavio.